Reforma Policial en Chile, Un Ejemplo a Imitar

Reforma Policial en Chile, Un Ejemplo a Imitar
Agosto 2012

Por Francis Antonio Ortiz Guzman

REFORMA POLICIAL Y MODERNIZACIÓN DE LA POLICÍA DE INVESTIGACIONES DE CHILE

No puedo iniciar este comentario sin antes felicitar a los autores del Informe de la Comisión Internacional para la Reforma Policial en Democracia.

Dicho informe es una invitación a estrechar vínculos y construir visiones comunes frente a los desafíos para las policías del siglo XXI, en especial, sobre la calidad del servicio policial y su relación con la sociedad civil y las instituciones usuarias del sistema de administración de justicia penal. Todo ello en el contexto de una política criminal eficaz.

Las policías están cambiando, así también la sociedad. Poner en discusión la interrogante sobre la policía que queremos, y sus atributos, me parece un esfuerzo notable y muy necesario, y justifica la reflexión sobre las directrices que acompañan hoy las transformaciones en la policía, en una sociedad donde el pilar fundamental es el Estado de Derecho y la Democracia. Hay mucho que hacer al respecto y otro tanto que pensar. Pero, al mismo tiempo, quedan aspectos que deben evaluarse mejor, y experiencias policiales positivas que deben validarse y socializarse.

De la reflexión sobre el Informe de la Comisión Internacional para la Reforma Policial en Democracia, lo primero que despertó mi atención es la significativa coincidencia con el proceso que envuelve a la Policía de Investigaciones de Chile, que ratifica el camino emprendido. Entendemos y compartimos plenamente el espíritu de la Comisión y sus recomendaciones.

Por ejemplo, hemos conocido de la desmotivación de Carabineros cuando la ciudadanía no asiste a sus cuentas públicas. En nuestro caso, nos hemos obligado a rendir cuenta de lo obrado en cada región. Así las cosas, cuando en el transcurso de este año rindamos cuentas a la sociedad y sus autoridades, en particular a nivel regional y local, queremos sentir el interés y preocupación de nuestros conciudadanos por expresar sus legítimas exigencias y, de esta forma, no sólo escuchar a la sociedad, si no que ella también nos escuche y nos entienda, y sea solidaria con su policía y su realidad.

Tanto por el desarrollo sociopolítico de las últimas décadas, como por los crecientes desafíos que plantea la aparición de nuevas formas de actividad criminal, por la ampliación de las nociones de riesgo y amenaza en la sociedad moderna y globalizada, como la necesidad urgente de ser una institución eficiente y eficaz, la Policía de Investigaciones de Chile también enfrenta la tarea de modernizarse, al igual que todas las demás instituciones del Estado, rediseñando los diferentes ámbitos de su gestión institucional en miras a servir mejor a los propósitos que la Constitución y las leyes le asignan.

Al comparar nuestro proceso de desarrollo institucional con los lineamientos formulados por la Comisión de Expertos, coincidimos en la esencia del proceso. En efecto, el desarrollo policial que impulsamos reconoce la creciente necesidad de una mejor vinculación con la comunidad, y pone énfasis en la construcción de confianza y credibilidad, para reducir la inseguridad y el temor de la sociedad.

Pero, más allá de que observo en el Informe algunas tesis que comparto plenamente, estimo que debemos profundizar otras. Permítanme desarrollar algunos términos ausentes y mirar desde un ángulo complementario algunas ideas planteadas por la Comisión Internacional para la Reforma Policial en Democracia. Primero, la importancia de la doctrina policial y la educación para la transformación.

Lo expresado en el Informe viene a ratificar la mirada que desde el seno de la Policía de Investigaciones hemos venido incubando y desarrollando desde hace varios años: Debemos intervenir sobre los paradigmas de actuación policial. De eso se trata en definitiva. Los quiebres y cuestionamientos al orden institucional y la labor policial, las causas y circunstancias que desembocan en traumáticas experiencias que han puesto en tela de juicio la relación entre el funcionario policial y segmentos de la sociedad, confirman la necesidad de sintonizar la labor policial con los nuevos conceptos y miradas sobre el desarrollo social y humano, obligando a asumir la reconceptualización del rol de la policía en la democracia, no sólo desde la perspectiva legal o jurídica, sino también – y principalmente - desde una perspectiva sociopolítica y también ética, en particular, de la ética social.

Ninguna duda cabe que la doctrina institucional es el núcleo que facilita y acelera la transformación necesaria, o la impide. Nos sentimos orgullosos de haber impulsado y haber sido capaces de introducir, ya a comienzos de la década de los noventa, modificaciones sustantivas en la malla y contenidos de formación del Oficial Policial, integrando materias como ética, derechos humanos y seguridad ciudadana.

No obstante, la necesaria autocrítica que debe dominar la actuación de todo gestor y servidor público no me permite señalar que la Policía de Investigaciones de Chile ha mutado todo lo suficiente como para sostener que este es un proceso acabado. Porque hay facetas que deben complementarse y profundizarse, por ejemplo, el desarrollo de habilidades para la gestión del cambio y el liderazgo necesario.

De esta forma, hablar de reforma policial como entrenamiento y formación policial es, ciertamente, hablar de cambio de paradigmas, cambio cultural que sólo es posible si se trabaja en el ámbito de las orientaciones, actitudes, patrones de conducta y hábitos.

Ello implica re-socialización en generaciones ya formadas e inducción, desarrollo de nuevas capacidades, desaprender hábitos y estructuras de pensamiento que no sirven, y aprender otras de manera urgente. Pero, también implica abandonar mitos, como la supuesta creencia de que nadie lo puede hacer mejor, y desarrollar utopías, que estimulen el cambio necesario.

Así las cosas, una reforma policial en democracia exige realismo e intervenir en una dimensión que no puede ser subestimada, como la cultura política (democrática v/s autoritaria) y la cultura laboral (burocrática v/s gestión por resultados) al interior de la policía, dada la naturaleza de las transformaciones deseadas.

Segundo, la reforma policial es un proceso en un contexto socio-político complejo que hace más fácil o difícil las cosas. Difícil es hablar de reforma policial sin hablar de sociedad y de democracia. La función policial y las instituciones en un Estado de Derecho son como las democracias: siempre perfectibles.

Del correcto ejercicio de la función pública policial depende la materialización de valores sociales de máxima importancia, que se sitúan en la esencia misma de la democracia. No sólo debe existir una intención declarativa, también debemos revisar nuestras actuaciones y corregirlas. Hacer esto es la verdadera demostración de nuestro férreo compromiso con la democracia, sus instituciones y los derechos de las personas. Errado es presumir, entonces, que se alcanza un estado o nivel de desarrollo policial que no requiera perfeccionamiento. Se trata de un proceso que debe ser continuo. La evaluación y autocrítica debe ser permanente.

Así, una reforma policial no es sólo un cambio de doctrina institucional, que desde ya es complejo, lento, silencioso y de largo aliento. Hay que entender por qué es importante y necesaria esta mutación, por qué esta interpelación a cambiar. En mi opinión, se trata de una aspiración que emerge del diagnóstico y de las apreciaciones sobre nuestra realidad sociopolítica latinoamericana.

El informe plantea que uno de los ejes centrales de la transformación necesaria se plasma en la naturaleza y oportunidad, el tipo y calidad, el contexto y el acercamiento entre la policía y la sociedad civil, la que – por cierto - muchas veces no constituye una comunidad, como teóricamente se señala, siendo un sujeto activo tremendamente difícil y complejo de involucrar, pues sus expectativas, legítimas, son en ocasiones imposibles de satisfacer de inmediato.

Esto dice relación con lo que certeramente plantea el Informe de Naciones Unidas para el desarrollo humano, titulado: “Nosotros los chilenos: un desafío cultural”, en cuanto a la existencia de un creciente proceso de “individuación” del sujeto moral, en el Chile actual. Sin embargo, es ahí donde se incuba la razón y el sentido de una reforma policial. Ningún policía puede eludir esta verdad. No es la sociedad la que va a transformar a la policía, es la propia policía la que debe hacerse cargo de este proceso con todo el apoyo de las autoridades y la sociedad civil. Si bien la función policial es exclusiva y excluyente, la construcción de una sociedad más justa y segura no es tarea exclusiva de la policía.

Este es un derecho y deber de todos los miembros de la sociedad.

El éxito de este proceso obliga a intervenir tanto en la policía como en la sociedad misma, para construir consensos.

Tercero, una reforma policial no puede avanzar si, al mismo tiempo, no se instala en el marco de la modernización del Estado y se vincula a una política criminal eficaz.

El desafío de la modernización - que persigue una mejor gestión pública - dictamina el imperativo de abordar el perfeccionamiento de todas las articulaciones del circuito que constituye el sistema de justicia criminal, e integrar "conceptos-guías", tales como: eficacia, evaluación, calidad y satisfacción del cliente.

La producción de seguridad no es sólo tarea de la policía. Un sistema de administración de justicia penal eficaz en materia de reparación y rehabilitación contribuye de manera importante a ello.

La crisis del sistema penitenciario y las limitaciones en materia de rehabilitación plantean la necesidad de una política penitenciaria centrada en el tratamiento y reinserción del delincuente. Esta política supone, por un lado, el mejoramiento de las condiciones de vida al interior de los penales y, por el otro, la ampliación de los programas de capacitación de reclusos.

Pero, la percepción de eficacia y respuesta policial al problema de la criminalidad no sólo se construye a través de los medios de comunicación, sino también por la tasa de reincidencia, que en nuestro país supera el 50%, y la capacidad de los tribunales de justicia.

A lo anterior se agrega que cualquier esfuerzo que se piense sólo por la vía del control y la rehabilitación será siempre insuficiente. El desafío de la modernización, en el ámbito de la seguridad, no sólo apunta a procesos más rápidos y más cárceles. Por el contrario, ella consiste en actuar eficazmente de manera preventiva antes de que se produzca el delito, es decir, en remediar las causas que promueven conductas criminógenas y adelantarse en la comisión de éste.

Sin un concierto sobre los planes institucionales y estrategias intersectoriales, sin una estructura administrativa eficiente y coordinada, sin una política basada en los conocimientos y aportes que ofrecen la investigación criminal, la sociología criminal y la victimología, para la prevención del crimen y la recuperación del delincuente, resulta complejo definir un perfil de gestión apropiado a la policía.

Muchas veces, y de forma tácita, se asocia a la policía tareas que recaen en otras reparticiones del Estado, y se espera que lo hagamos bien, como es el caso del tratamiento de las víctimas. La Policía de Investigaciones vive esto a diario en el caso del Cavas, del Instituto de Criminología.

Lo anterior es muy importante, porque aquí cabe entonces la pregunta sobre qué debe esperarse de una policía, qué expectativas son razonables sostener y, finalmente, qué puede aportar una policía.

No puedo dejar de señalar, entonces, que la Policía de Investigaciones de Chile entiende que enfrenta un doble desafío: no sólo debe ser cada vez más moderna, sino también responder a las expectativas sociales y judiciales que plantea la reforma procesal penal en un contexto de abismante carencia de recursos humanos.

Permítanme compartir con ustedes otro dato que estimo relevante e ilustrativo,

En Chile pocas veces se ha tomado en cuenta que hay sólo un detective cada 4.200 habitantes, proporción que a todas luces refleja un desequilibrio que nos [sic]

Si la victimización y la denuncia crecen, como se ha podido constatar en los últimos años, este aumento, más que aritmético en la demanda hacia una policía investigadora, es exponencial en el déficit institucional de la Policía de Investigaciones de Chile, atendidas las actuales tendencias del comportamiento criminal y los requerimientos de las propias instituciones del sistema de administración de justicia.

Si la labor investigativa es insuficiente, dada las limitaciones en aspectos de personal, financieros y operativos, entonces no se responde apropiadamente a la demanda de justicia. Ello afecta la percepción pública sobre la calidad de la democracia y sus instituciones, despertando visiones simplistas y autoritarias respecto de la solución de los problemas de inseguridad y criminalidad. Así, hablar de reforma policial, también es hablar de política criminal eficaz.

Cuarto, la necesidad de dialogar, escuchar y aprender sobre la policía, la sociedad y sus problemas.

A la Policía le compete un rol muy relevante en este contexto. Ciertamente, las instituciones policiales no son realidades tan alejadas, ni tan distintas y ajenas del mundo social que les rodea. Ellas son como un espejo que refleja lo bueno y lo malo de la sociedad, en cuanto a sus virtudes, limitaciones y defectos. Errar no es una virtud exclusiva de la policía, pero reconocer y enmendar los errores sí puede hacer de la policía una institución virtuosa.

La generación de confianza, credibilidad y certezas de que la Policía está haciendo lo correcto y lo suficiente, en función de los medios disponibles, es otra clave del proceso. El único camino para ello es abrir la institución policial a la sociedad, tener la audacia intelectual necesaria, poseer una formación amplia, un espíritu auto-crítico constructivo y, lo que es más importante, demostrar el deseo de sintonizar con la sociedad.

Así, sin pretender reducir las propuestas del informe, me atrevería a traducir el cambio y reforma policial como un ejercicio de búsqueda constante de sintonía fina entre actores pasivos y relevantes, adecuación entre oferta policial y demanda social y empoderamiento de la sociedad sobre sus policías. No tengo duda de que este es el mejor camino para la construcción de consensos y para direccionar esfuerzos tendientes a avanzar hacia el progreso de una policía moderna en democracia.

El desarrollo de nuevas habilidades será posible y más rápido si, como policías, somos capaces de construir “alianzas para aprender” con la sociedad, sus autoridades y los especialistas, que son escasos. La transformación de la policía será exitosa en asociación con la sociedad y sus autoridades.

Sin embargo, como todo diálogo que ayuda al crecimiento, hay que aclarar que no sólo la policía debe escuchar y aprender de la sociedad, así también la propia sociedad de sus policías. No podemos olvidar que el diálogo supone una disposición para escuchar al otro en su alteridad, como también la decisión de revelar al otro algo de uno mismo.

Permítanme una última reflexión.

De la lectura del Informe surgen diversas interrogantes. Algunas quedan abiertas, como la necesaria transformación del Estado en la cual la función policial es sólo una parte o un aspecto. Otras interrogantes no son respondidas cabalmente, como la transformación social que debe acompañar toda reforma policial o el desarrollo de una eficaz política criminal.

Ninguna duda tengo en que reuniones de este tipo ayudarán a construir respuestas en conjunto, la concertación de visiones y la profundización de los esfuerzos, en el marco de las directrices y políticas de seguridad en beneficio del derecho de las personas. La reforma policial es un proceso complejo y lento, debido al tamaño y envergadura de las instituciones, si bien con sabiduría se afirma que instituciones pequeñas son más fáciles de involucrar en una apropiación eficaz del cambio necesario. La transformación de la policía es un proceso necesario y difícil, dado su naturaleza subjetiva y valórica.

Es mi convicción personal, y de todo el Alto Mando institucional, que una institución policial, particularmente por su aporte investigativo a la sociedad, como es el caso de la Policía de Investigaciones de Chile, debe reflejar y demostrar que es capaz de hacerse eco del llamado e interpelación a abordar un proceso de modernización de nuestra organización policial de la mano con la sociedad, junto a ella y con ella.

No es posible asumir los desafíos policiales inmediatos y futuros sin reconocer la necesidad urgente de fortalecer el vínculo entre la organización policial y la sociedad civil demandante. Ciertamente, entre ambas existen distancias, formas de pensar y de actuación que nos han alejado, pero que debemos superar. Se trata de un desafío mutuo e incluyente.

La sociedad demandante debe querer conocernos y nosotros permitir que nos conozcan. Nuestra tarea, como policías, es abrir y transparentar nuestras virtudes y nuestras debilidades, buscando un acuerdo y consenso sobre las mejores formas de llevar a cabo nuestro rol y misión en el contexto de una política criminal y de una política de Estado en materia de seguridad de las personas.

La reforma policial es también materia de hechos demostrables y perceptibles para todos. Se trata de respaldo y compromiso proactivo, doctrina y profesionalización, calidad y control externo, y, finalmente, compromiso con la sociedad.

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