¿Hacia una filosofía clara o distorsionada del proceso penal?

¿Hacia una filosofía clara o distorsionada del proceso penal?
13 Diciembre 2011

Por Miguel Angel Villalobos Caballero
Profesor de Litigación Oral y de Filosofía del Derecho
Perú

Una de las cosas más fascinantes del proceso penal, sea en los Estados Unidos o cualquier parte de Latinoamérica o Europa, es encontrar la verdad a través de la prueba. Para ello, los Abogados, como el Fiscal deben actuar con probidad y seriedad a fin de que dentro del proceso penal y con los principios allí establecidos se logre el fin del proceso: la Verdad.

Sin embargo, en ese camino del proceso penal, es entorpecido por los malos hábitos, las malas artes del Litigio, que a veces parece un ajedrez mal jugado, así, no obstante el ajedrez tiene sus reglas claras, a veces los jugadores, con tal de ganar (El éxito lo es todo) cambian las fichas o colocan mas  de las que hay en el juego.

Frente a este mal arte, hay que propugnar en la Litigación Oral las buenas prácticas legales y judiciales, porque sin estas no hay garantías para nadie y es muy malo para el Sistema legal.

Así, la vez pasada me surgió una inquietud, en relación a una de las características del proceso oral, como el que ocurre en América,  de tener en algunos casos: el Jurado.

¿Es lo mejor?, se ¿Podría aplicar en Latinoamérica?; ¿Es posible encontrar la verdad real de lo ocurrido (hechos), que dice al respecto, la teoría del conocimiento?

Cual fuese la respuesta (racional o intuitiva),  lo obvio, es que tenemos mucho que prepararnos como litigantes (fiscales o defensores). La Litigación Oral es un arte y en su formación ayuda bastante la simulación de casos (entrenamiento académico (1)) como también, la experiencia en el Litigio, yo, agregaría un ingrediente: La ética que respeta los principios acusatorios, de lo contrario, vamos por mal camino.

De ahí, que en este ensayo, desde mi perspectiva, el proceso penal no está salvo de desenlaces desastrosos, si es que no se tiene a la ética como un ente rector, no basta saber, sino que hay que saber con ética.

Dentro de este problema ético – judicial, hay que cuidarse en el proceso penal: De la distorsión de los hechos,  del derecho y de la prueba.

Pienso que cuando en el Litigio se provoca la distorsión intencional del proceso penal, con malos hábitos o malas prácticas judiciales, se deja a un lado la capacidad humana buena, por, hacer entrar a aquella otras capacidades letales que desnaturalizan el proceso penal y que lo opacan.

Así, que avocándonos al tema, tenemos, que la distorsión legal, que se hace de mala manera de las cosas y de los seres, constituye la nueva obscenidad de nuestros tiempos; se ve en los actos sociales y humanos constantemente y en todo tipo de circunstancias o sucesos, pero más comúnmente en las competiciones desleales y simplezas en general, curiosamente, nadie puede hacer nada para evitarlo, salvo aquellos que piensen coherentemente (Ideal de Juez Adversarial o Acusatorio).

Así, la distorsión por definición es la deformación que se hace del “objeto” (2), así, está puede darse en las imágenes, sonidos, señales y hasta en la interpretación de los hechos y de la realidad.

Por ejemplo, si alguien está viendo televisión o viendo un paisaje, pero, sufre de astigmatismo (defecto de la visión) o algún tipo de avería moral, psicológica o gnoseológica le será difícil conocer realmente el objeto.

¿Es posible conocer el “objeto” (esencia, sustancia, entidad)?

Muchos han venido afirmando que es difícil, otros imposible, sin embargo, otros, piensan que sí, como lo hiciese el alemán Edmund Husserl (3), que señala que debemos hacer un epojé fenomenológico, es decir, que para conocer algún objeto (cual fuese), hay que abstenernos de los juicios sobre la realidad que emitimos demasiado a prisa, al existir prejuicio, hábitos, fantasías, convicciones obvias o ingenuas en cada sujeto, estos, hay que parenterizarlos a fin de despejar la mente, de todo aquello que sea ficticio y conocer como un espectador ingenuo y desinteresado.

Tarea muy difícil se hace acceder al verdadero conocer, pero, no imposible, así, la mejor manera de conocer algo, no es prejuzgar o mal pensar, sino acercarnos al mundo como un niño (en cuanto a su ingenuidad) , como si fuese por primera vez.

Ahora, hay una variedad de objetos por conocer, tenemos: objetos metafísicos, como Dios, el alma; objetos ideales, aquellos que  no tienen existencia en el espacio ni en el tiempo, como las figuras geométricas, los números, los conceptos; objetos naturales, como la naturaleza que vemos, entre ellas, las plantas, animales, los astros, etc.; por último, los objetos culturales, como son todos aquellos objetos hechos por el hombre: los libros, los instrumentos (armas, útiles, herramientas), la música o nuestro estimado Derecho (entendido como arte, técnica, ciencia, filosofía, amor).

El conocimiento ha tenido su evolución en los siglos (distinguiéndose un periodo de otro), como por ejemplo, cuando el cavernícola o aldeano de la antigüedad escuchaba un ruido, un trueno o un rayo en el cielo, su explicación era mítica y no racional, al considerar que ese ruido lo producían los Dioses; ahora, en cambio, se sabe que esos truenos son fenómenos naturales y explicables.

Así, pensamos que en estos tiempos, en todo tipo de actividades, las acciones tienen que ser necesariamente sensatas, como aquellas que la Población exige a la Justicia, a fin de que no se le distorsione en su actividad, como sucedió hace muchísimo tiempo en varias partes del Mundo, donde se  llego a pensar (por deficientes actuaciones de algunos Magistrados) que los Jueces no saben leer y menos proceder con conciencia ética. (4).


(1). No estamos de acuerdo, con Mauet A, Thomas en “Estudios de Técnicas de Litigación Oral. Juristas editores. Lima, Perú, 2007, cuando expresa que: “….Nada que los programas de litigación hagan, o puedan hacer, te prepara para las situaciones verídicas que aparecen inesperada pero inevitablemente. El método de simulación, si bien tiene muchas fortalezas, tiene limitaciones precisamente porque no es la vida real”. Discrepamos, porque ya sea en una Escuela de Leyes o en cursos especializados, dicha preparación sirve contra “lo inesperado”, en cuanto la habilidad del entrenado ante un hecho real se pone a prueba con la experiencia académica, pero, ese antes, de la capacitación no es una debilidad, por el contrario es una ventaja. Si bien es cierto en la barra de Abogados, existen, aquellos que “parecen de otra galaxia”, hasta ellos algunos vez, no contaron con experiencia en litigo, pero, en el camino y momento oportuno manejaron su capacidad para ser lo que son, esto debe ser un estimulo para los alumnos, porque nadie es “acto” sino es primero “potencia”.-

(2). “….En otras palabras, objeto es cualquier cosa de la que se pueda decir algo, o mejor aún, para definirlo con el vocabulario más preciso y técnico de la Lógica, cabría  decir que es todo aquello de lo que se puede predicar algo”. Pág. 31, 32 de “Introducción al Derecho” de Abelardo Torré, Abeledo Perrot, 2003, Buenos Aires, Argentina.

(3) Nacido en Alemania (1859-1938) desarrollo un método original al que llamo fenomenología, que es un original acercamiento al problema del conocimiento. Lo que la fenomenología pretende suspender son las creencias ingenuas sobre  los datos objetivos de la realidad.

(4)  Es interesante la obra “El perfil criminológico del juez prevaricador” de Elsa María Güidi Clas, sobre la función del Juez en España (experiencias europeas), en la que entre otros, hace referencia al Juez Iluminado, aquel que se conduce con delirio a pesar de aparentar sobriedad y dignidad, terminando por ejercer un poder de destrucción, así resulta ilustrativo el siguiente texto: “Por consiguiente, el poder legitimo que encarnan los jueces, puede convertirse ante cualquier conflicto psíquico que éstos adolezcan, en un poder destructor, que por la propia problemática de persecución del delito de prevaricación, cuando realmente se hace frente a la sentencia injusta, los perjuicios acarreados pueden ser incalculables e irreparables”, Pág. 22.

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